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Sicilia, cielo, mar, luz y vino.

junio 19th, 2009 Publicado en Artículos, Vladimir Viloria Imprimir este Artículo

kyosSicilia es, en sí misma, una magnífica metáfora: Cielo, mar y luz, suculentas y dulcísimas naranjas, higos frescos, hierbas salvajes, especias, aceite de oliva y pan. Vino y más vino o Penélope en su lecho junto a Ulises bañada en miel de abeja.

Sicilia es la más importante isla del Mediterráneo y goza de una marcada identidad regional. Es, junto a Apulia, la región que más produce vino en ese país.

Predominan veranos intensos y suelos arcillosos, pero en general la isla es rica en sustratos volcánicos o emergidos hace miles de años del Mediterráneo. Hasta hace poco Sicilia produjo una enormidad de vino mediocre y usado para vender a granel y como vino de mesa. No en balde, al oeste  de su territorio, la provincia de Trapani cuenta con la mayor superficie de viñedo cultivada en toda Italia, donde se producen auténticos ríos de vino blanco batalloso y rústico. Al este se cosechan vinos históricos como el Faro de Massine, el Moscato di Noto y el Moscato de Siracusa. Últimamente, Cerasuolo di Vittoria (aquí se consigue el que vinifica Planeta) y los tintos de Etna, Alcamo, Contea di Sclafani y Contessa Entelina, sus principales Denominaciones de Origen,  han mejorado muchísimo. Imposible dejar de nombrar el Marsala, suerte de “jerez volcánico” elaborado con vidueños Catarratto, Grillo, Damanchino e Inzolia. Dos pequeñas islas volcánicas perpetúan el sabor antiguo del vino, el Moscato di Pantelleria (elaborado con el vidueño Zibibbo entre Sicilia y Túnez) y el Malvasia delle Lipari (en Salina). Las uvas tintas criollas más importantes cultivadas son la Nero d’Avola, la Perricone, la Nerello Mascalanese, la Nerello Capuccino, la Frapatto y la Pignatello. Entre las blancas se encuentran la Inzolia, Ansonica, Catarrato, Grecanico, Grillo, Trebbiano, Carricante, Minnella, Moscato y la Malvasia.

Kyos, elaborado por la gigante veronesa Cantina di Soave, en su versión tinta Nero d’Avola 2007, y su hermano blanco Grillo 2008, logrado con la uva homónima, son una explosión de frescor y luminosidad, y con modestia y sin pretensiones, resumen el gusto de la esencia siciliana. El rojo, pleno de fruta y hierbas frescas, franco, y fácil, destaca por esa manera de entregarse grato y sin complicaciones. Derrocha recuerdos a higo y mora madura de verdad. En boca es delicado, carnoso, deliciosamente fresco. El blanco Grillo, por su parte, es mineral pero fresco y cítrico, y en boca derrocha una acidez de sobrado balance y armonía que llega a ser, incluso, melosa. Untuoso, fácil, jugoso y de persistencia media, llega firme y airoso hasta el final.

¿Qué más se le puede pedir a este par de honestos sicilianos? Aquí hay vino para todos los días y el cultivo de la gula. Vino de verdad. ¡Salud!

Publicado en el Universal 13/06/2009
Vladimir Viloria
vladimirviloria@gmail.com

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