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Entender el vino a través de ideas filosóficas

fiosofia1Hace poco en su intervención en el marco del Festival de Filosofía celebrado en Hannover, un filósofo alemán (H.Pape) sostuvo que entre la antigüedad y el renacimiento, el vino y la filosofía eran vistos como dos cosas que se complementaban. A mismo tiempo, él hizo constar que posteriormente el racionalismo moderno viene rompiendo esta relación de complementariedad.

En la Convención Internacional de la Filosofía del Vino, celebrada el ano pasado por tercera vez y en esta ocasión en Italia, sin embargo, los participantes han confirmado “desde el punto de vista histórico y filosófico, las relaciones entre la percepción y el vino” y también discutieron cuestiones  como “¿Es posible degustar la historia en copa?” o “¿Qué importante son la emoción y los contextos a recordarse de los grandes vinos?”.

No parece, de todas maneras, que el vino pasó de moda como inspiración de los pensamientos de tinte filosófico, y hay que darse cuenta que la contemporainedad sigue siendo un elemento importante de varios argumentos de esta índole.

Como es de conocimiento común, desde la época de los griegos el hombre y el vino vienen ser íntimamente relacionados. En las distintas etapas del proceso cultural del ser humano, el vino ha contribuido – en cierto sentido – al enriquecimiento de la filosofía, siendo el mismo Dionisos quien ha reflexionado no solo de esta divina bebida, sino también en su contexto se ha preocupado del cultivo del alma.  Según opiniones de filósofos contemporáneos, este importante dios de la mitología griega representa una dimensión primordial de la existencia, y sus reflexiones al respecto permiten pensar en tomar el vino desde otras perspectivas.

No mucha gente sabe, que aún en la literatura musulmana, un poeta dejó volar sus pensamientos acerca del vino. Se trata de Umar ibn al-Farid (1181-1235) de origen sirio quien fue un gran buscador de la verdad dentro de su fe y cuyo poema “Elogio al vino”  es dedicado  a una bebida trascendente “elaborado antes de la creación de la viña”. Su simbolismo del vino, como en otras culturas y en otras épocas, ha relacionado el vino con la vida y con la inmortalidad

Se podría afirmar que los pensamientos filosóficos sobre el vino, también consisten en el cultivo de un arte de vivir asociado a los aspectos más directos de la vida cotidiana, tomando en cuenta que  la gente se interesa no solo de los objetos materiales sino también  de sus atributos, que obedecen más bien a razones que deben ser enmarcadas en un contexto emocional y espiritual. Un gran vino presenta, ante todo y directamente, rasgos sensoriales que impresionan el paladar pero, al mismo tiempo e indirectamente, también transmite aspectos históricos y culturales en lo simbólico e identificativo destacando igualmente su cuota metafísica y no solo su valor relativo a lo puramente físico.

filosofia2Para el ensayista húngaro, Béla Hamvas (1897-1968) el vino también fue una fuente particular de reflexiones. Su libro intitulado “La filosofía del vino” (1) fue escrito en 1945 pero se publicó solo en 1988, cuando en Hungría ya soplaban los vientos de cambio. Las experiencias e impresiones del autor se basan en las circunstancias de la vitivinicultura nacional de aquellos tiempos, pero sus afirmaciones con respecto al carácter de los vinos húngaros y aún más a las consideraciones filosóficas particulares, siguen teniendo vigencia. El medita sobre una serie de cuestiones acerca de la conducta humana relacionada con el vino, y logra resumir una “apología de los momentos solemnes de la vida, del regocijo, de la pasión y del goce entusiasta de vivir”. Él define su obra como “un libro de oraciones para ateístas” y su afamado lema hace constar que “por fin se quedan solo dos, Dios y el vino”. Según su criterio la aproximación metafísica al vino se realiza fundamentalmente con la boca, cuya sabiduría es mucho más significativa que la de los ojos o de la nariz. El beber es “el pariente más cercano del amor” y el vino es “como un beso fluido”. El éxtasis radica en el amor que puede ser relacionado solo con “el vino que es el amor líquido, con la gema que es el amor cristalizado y con la mujer que es el mismo ser vivo de amor”. Al describir los vinos más típicos húngaros se extiende también sobre los de Tokaj, que son “unos de los más musicales”. Según su opinión la ley del consumo del vino es la más sencilla posible porque tiene un solo párrafo: se lo toma “en cualquier momento, en cualquier sitio, en cualquier modo” que parece ser un reglamento adecuado para “gente y pueblo serios”. Su conclusión final es que el haber tomado vino eleva el sentimiento de ser de la propia persona a un nivel más alto que el estado de la razón natural de uno. El verdadero sentido común no es otra cosa que el delirio del vino que puede ayudar a que uno sea más atento a los pormenores de la vida de las cuales uno no se da cuenta en otros momentos.

Hace un par de anos en Italia se publicó un libro de “Doná Máximo” (2) del mismo titulo según cuyo resumen “el vino representa el símbolo de la unión renovada entre la vida y el pensamiento, entre la pasión y la razón, entre vicio y virtud, entre mesura y desmesura” y a su crítico le da la impresión que “por lo tanto el vino es el medio para sacar a la luz la verdad que quiere esconderse”.

Recientemente ha sido publicado en Gran Bretaña y en los Estados Unidos otro libro que se dedica al mismo tema con el título, “Cuestiones de gusto: La filosofia del vino” (3) cuyo prefacio lo ha escrito la famosa Jancis Robinson y que fue ampliamente comentado en varios medios. Esta obra, editada por B.C.Smith, es una colección de ensayos entre los que el autor de uno, niega tajantemente que los vinos tengan “contento cognitivo o emocional” porque “su valor estético se deriva exclusivamente de los aromas y sabores” mientras tanto el otro, reconoce que hay muchas propiedades del vino que no pueden ser descritos puramente con sus rasgos objetivos.

Y el nuevo libro que acaba de ser lanzado es “Vino & Filosofia” (4)  editado por Fritz Allhoff, un profesor universitario estadounidense quien ha recopilado los pensamientos al respecto del tema de varias ilustres personalidades de la cultura universal.  Este “libro informativo y entretenido puede hacer reflexionar a uno más profundamente acerca del vino” y se recomienda para todos los amantes de esta bebida sea uno “novato o esnob”.  Sus capítulos como “El arte y la cultura del vino” o “La metafísica del vino” son fuentes de inspiración particular de los que “están interesados en la parte cerebral de disfrutar del vino”.

Si uno acepta que el vino es también un reto intelectual, y que la filosofía no pretende la verdad sino un estado de ánimo, la lectura de estos libros puede resultar útil para tomar sus copas de grandes vinos (como un Tokaji Aszú, un Barolo, un  Chablis Grand Cru, un Gran Reserva de Ribera de Duero o un Riesling de Rheingau, entre otros) con una mentalidad más abierta ante lo simbólico.

Dr. József Kosárka

(1)  The Philosophy of Wine, Editio M Kiadó, 2003.
(2)  Filosofia del vino, Bompiani, 2003.
(3)  Questions of Taste: The Philosophy of Wine, Signal Books/Oxford   University Press, 2007.
(4)  Philosophy & Wine , Blackwell Publishing, 2007

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