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La importancia que tuvieron los puertos canarios en el mundo del vino

agosto 29th, 2017 Publicado en Artículos, Noticias Imprimir este Artículo

CanariasCuando uno pasea por los barrios históricos de Garachico, Puerto de la Cruz y Santa Cruz de Tenerife su mirada se detiene en las casonas canarias, adornadas con balcones, pertenecientes a aquellas familias de comerciantes y cosecheros que dieron vida a estos puertos. Son edificios que evocan todo un mundo desaparecido, cuando las islas enviaban sus vinos y aguardientes a destinos lejanos: La Habana, La Guaira, Londres, Jamaica, Nueva York, Bombay o Guinea. En torno al patio de piedra, se levanta una construcción de dos y tres plantas, con sus galerías de tea, en donde convergen las antiguas bodegas y almacenes de la planta baja, la escribanía de comercio en el entresuelo y la vivienda de los dueños en la planta alta. Algunas poseen todavía el mirador, desde donde se oteaba el océano y los barcos.

El mapa de estas poblaciones posee referencias a un pasado glorioso del vino como la “puerta de tierra” o el monumento “al derrame del vino” en Garachico, la “casa de la aduana” en el Puerto de la Cruz o sus calles dedicadas a los comerciantes de épocas pasadas como Blanco y Valois. Algunos vinos licorosos, de nombre sonoro, siguen habitando en nuestra memoria, aunque su consumo sea hoy muy pequeño: oporto, madeira, malvasía, moscatel, málaga, pedro ximénez, jerez…

Y es que la vid y el vino en el mundo atlántico constituyen toda una herencia que hunde sus raíces en la herencia clásica de Grecia y Roma. Es también el espejo de toda una historia oceánica, que se inició con la expansión europea en el siglo XV. Durante cinco siglos el vino ha dado lugar en el Atlántico a un paisaje particular, una vida económica específica, un patrimonio histórico singular, unas costumbres populares y unas formas distintas del habla.

Desde las ciudades de Burdeos y Oporto hasta los archipiélagos de Azores, Madeira y Canarias, pasando por el Marco del Jerez, el vino ha representado un hilo conductor de nuestra historia común, un símbolo de nuestra identidad atlántica, una clave para entender nuestro camino hacia los tiempos modernos que vivimos.

Durante siglos Canarias formó parte de una red de puertos atlánticos dedicados, entre otras actividades, al gran comercio del vino. Este mosaico estaba compuesto por las ciudades de Burdeos, Oporto y Cádiz, junto con lugares de embarque en Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Horta (Azores), Funchal (Madeira) y varios puertos canarios. No es una casualidad que los archipiélagos de Canarias, Madeira y Azores recibieran el nombre de las Islas del Vino por las aduanas norteamericanas del siglo XVIII.

 

FUENTE: www.catadelvino.com

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