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La región de Eger brilla con estilo propio en el universo vinícola

La ciudad de Eger puede considerarse como una atracción turística de Hungría por excelencia no solo debido a su legendaria historia, cuyo episodio más conocido se recrea en la novela húngara más leída, sino también a su Bikavér, el tinto húngaro de mayor fama al que muchos quieren tomar en su lugar de origen.

Esta joya arquitectónica urbana a la que se une una belleza de la naturaleza en sus alrededores se encuentra en la parte nororiental del país, entre los montes Mátra y Bükk, y es todo un símbolo en la historia turbulenta húngara.

Hay incertidumbre sobre el origen del nombre de Eger que ha podio proceder de la palabra húngara “égerfa”, que significa “saúco” o de la latina “ager”, o sea “la tierra”, pero es cierto que por primera vez ésta aparece en las crónicas del siglo XI. En aquel tiempo el Rey Esteban, el primero de la nación húngara, instauró en ella una sede episcopal que la hizo crecer en importancia como centro cultural y comercial regional. A mediados del siglo XIII los guerreros tártaros la destruyeron y mataron la mayoría de sus habitantes. En el siglo siguiente se ha construido en ella una gran fortaleza de piedra que durante la invasión del país por los turcos ha cumplido su tarea al poder defenderla con éxito. En 1552, el Capitán István Dobó, al frente de un pequeño grupo de hombres y mujeres, logró resistir los repetidos ataques del ejército con mayor capacidad y su victoria dio al país un gran impulso de optimismo y también un respiro al continente para que puediera resistir a la expansión del imperio otomano. (El título del libro es “Las estrellas de Eger” que fue escrito por Géza Gárdonyi y publicado en 1901. La versión fílmica se estrenó en 1968). Decenios más tarde Eger ha sido convertida en una ciudad real libre y ha sido restablecida como sede episcopal. A principios del siglo XVIII se estacionaba en ella el Príncipe Ferenc Rákóczi, héroe de la guerra de independencia. En los siglos posteriores Eger creció y se embelleció con ricas iglesias, palacios y mansiones que hoy forman su centro histórico admirado por miles de turistas en todas las épocas del año. Los visitantes también pueden disfrutar de las bondades de las aguas termales, ricas en calcio y magnesio, en los elegantes centros balnearios (entre ellos en un baño turco original recién renovado con gran estilo).

Los amigos del buen vino saben bien que el tinto húngaro Egri Bikavér es casi tan famoso como el Aszú de Tokaj. Esto es uno de los pocos vinos húngaros cuyo reglamento de Denominación de Origen Protegida ha sido dictado por el Consejo Regulador casi inmediatamente después de la entrada en vigor de la respectiva Ley del 2004 (XVIII. trv.). En ella se definió las categorías de calidad del Clásico y del Superior que deben ser indicadas en las etiquetas. Hace poco se ha efectuado algunas modificaciones del régimen (102/2009/ FVM) cuyo aspecto más importante es el cambio de la norma del uso de las variedades para la mezcla prefiriendo las autóctonas. Actualmente, para la producción del Egri Bikavér se utiliza las siguientes variedades: Kékfrankos, Kékoportó, Kadarka, Blauburger, Zweigelt, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Menoire, Turán, Bíborkadarka, Syrah. En el caso de la mezcla del Clásico se requiere el uso de por lo menos 3 de ellas. El mayor porcentaje lo debe representar la Kékfrankos pero ninguna puede tener más de 50% y cada una de las restantes tiene que tener más de 5% del corte. Para la elaboración del Superior se debe utilizar por lo menos 5 variedades y la participación de la Kékfrankos tiene que ser 30% como mínimo (y tampoco puede ser más de 50%). La participación de las Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc juntas no puede ser más de 30% del total. La crianza del Clásico debe durar 6 meses en barrica y la del Superior 12 meses en barrica y 6 meses en botella. El Clásico podrá ser lanzado al mercado a partir del 1 de noviembre del año siguiente de la cosecha y el Superior a partir del 1 de mayo del segundo año posterior.

En cuanto al nombre de Bikavér, que significa Sangre de Toro, se conoce la leyenda según la cual durante el asedio de Eger, cuando los guerreros turcos subían por las murallas de la fortaleza cada vez más alto y los defensores ya se cansaban, el capitán húngaro decidió confortar a su gente con el vino tinto guardado en los almacenes subterráneos. Al haber sido tomado por los soldados, les dejó manchas rojas en la barba y en el bigote, y cuando los atacantes, que eran muy ingenuos y supersticiosos, los vieron así y se dieron cuenta de una resistencia aún mayor de ellos, empezaron a creer que su potencia extra se la debe atribuir solo a la sangre de toro porque es este el animal que se caracteriza por esta intensidad de fuerza y tan tremenda rabia. Su susto fue tan grande que no vacilaron en abandonar la batalla y luego ellos mismos se atrevieron a probarlo alegando que no estaban tomando alcohol sino sangre de toro que su religión no les prohíbe.

El año pasado el Consejo Regulador local (EBHT) ha decidido crear la “pareja blanca” de este vino tinto emblemático que se llama Egri Csillag (Estrella de Eger). Se trata de uno de corte que se elabora – al igual que su “hermano” de gran tradición – a base de por lo menos 4 variedades tanto típicas húngaras como otras cultivadas en la región. Según el respectivo reglamento, el 50% lo deben representar variedades autóctonas (Olaszrizling, Hárslevel?, Leányka, Királyleányka, Zeng?, Zenit) y las variedades aromáticas (Zefír, Tramini, Muscat Ottonel, Irsai Olivér, Cserszegi F?szeres) no pueden tener una participación mayor de 30%. En el caso de este vino también, ninguna variedad puede tener más de 50% y cada una debe tener más de 5% del corte. Antes de ser comercializado, cada vino con esta denominación debe pasar ante un comité para obtener el respectivo certificado de autenticidad y calidad. Los primeros de Egri Csillag, elaborados por diez bodegas, han sido lanzados al mercado en febrero pasado.

La región vinícola de Eger cuenta con unas 5,5 mil hectáreas de viñedos. Las primeras ya habían sido cultivadas poco después de que en el siglo X por los conquistadores húngaros de la Cuenca de los Cárpatos, guiados por su legendario jefe Árpád, estableciendo los primeros asentamientos en la zona. Hasta el siglo XV se cultivaba sólo variedades autóctonas blancas pero luego, junto con la llegada de colones balcánicos que huyeron ante la invasión otomana a estas tierras y trajeron consigo su uva preferida también, se empezó a dominar la Kadarka y posteriormente – con una rapidez pasmosa – otras rojas. Actualmente, se obtiene un promedio de rendimiento por cosecha de 5 toneladas por hectárea que se elabora en 431 bodegas cuya producción total es alrededor de 330 mil hectolitros de vino al año. En relación a las variedades de uva cultivadas, la representación de la Kadarka ya es solo 1% de la total. En cuanto a otras rojas, la Kékfrankos representa 20%, la Cabernet Sauvignon 8%, la Merlot 8%, la Blauburger 6%, la Zweigelt 6%, la Cabernet Franc 3%, la Pinot Noir 3% y la Turán 2%. La mayoría de la producción de vinos blancos procede de las variedades Hárslevel? (5%), Leányka (4%), Olaszrizling (4%), Muscat Ottonel (4%), Rizlingszilváni (3%) y Zenit (2%). La región se dividida en dos zonas: las de Eger y Debro. El clima es mucho más frío y más seco que el de las otras zonas vinícolas del país. Aunque se mida unas 2.200 horas de sol al año la temperatura promedio no sube arriba de los de 10ºC. Los viñedos se asientan sobre suelos de origen volcánico con sedimentos fluviales que son ricos en materia orgánica y la gran parte de ellos contiene escasa proporción de cal (con la excepción de aquellos plantados en el mejor pago de la zona de Eger, ubicado a una altura de 500 metros y expuesto plenamente al sur, que se llama Nagyeged cuyo suelo es bien calizo).

El prestigioso título del “Vinicultor del Año” de la Academia Húngara del Vino (Magyar Bor Akadémia) ha sido otorgado a estos ilustres productores de Eger: Béla Vincze, Tibor Gál, Vilmos Thummerer, György L?rincz (St.Andrea). La decisión dictada en el 2009 por los honorables Miembros de esta respetable institución nacional, que año por año se toma en un riguroso proceso de elección, significa que esta región, cuyas características presentan similitudes con la de Borgoña, “empata” con la de Villány que ha venido siendo más altamente cotizada por sus vinos de estilo de Burdeos. Los otros productores más renombrados: Gróf Buttler, Demeter, Kovács Nimród, Korona, Bolyki, Dula, Gál Lajos, Hagymási, Orsolya, Kaló.

György L?rincz, propietario y enólogo de la renombrada bodega St.Andrea, cuyo Rosé 2008 ha sido seleccionado por la revista polaca Magazyn Wino como el Mejor Rosado del Año’2009, tuvo la gentileza de responder algunas preguntas para que se puede entender mejor la situación actual de la región:

 

¿Cuáles son los valores de los vinos de Eger y a qué se debe que ocupan un lugar particular dentro de la amplia gama de vinos húngaros?

– La fuerza de nuestros vinos se debe tanto a las condiciones climáticas especiales como al respeto de las tradiciones. El clima continental fresco determina decisivamente el estilo de ellos. En esta región pueden nacer blancos de gran carácter y tintos muy emocionantes. Una de nuestras características es la gran diversidad de las variedades cultivadas, aunque ésto no facilite la conquista de los mercados. La otra es la tradición de elaborar cortes los cuales vienen dominando nuestra producción desde hace dos siglos. Estos vinos son altamente apreciados por la riqueza aromática y la complejidad. Se añejan muy bien y con elegancia.

 

¿Qué rumbo deberían tomar los vinos de Eger y qué hace falta para su futuro aún más exitoso?

– Según mis criterios, hay que renovarse conscientemente. A corto plazo no se puede esperar que disminuya la diversidad de las variedades así que tenemos que seguir elaborando mayoritariamente cortes. Al mismo tiempo, estos blancos y tintos deben presentar marcadamente su propio estilo que deleite el paladar y se identifica fácilmente. Lo más importante es que toda la comunidad productiva de la región trabaje con la máxima determinación.

 

¿Cómo aprovecha la región el enoturismo y cuáles son las tareas pendientes para desarrollar su potencial logrado?

– Por supuesto, se nota el aumento del número de enoturistas en la región pero hace falta un mensaje más explícito del vino de Eger. Tenemos que ampliar y modernizar la infraestructura, mejorar las rutas del vino, elaborar la estrategia de marketing y comunicación. Paralelamente, tenemos que seguir resaltando la calidad de nuestros vinos y destacar los logros de las mejores bodegas.

En cuanto al enoturismo, los eventos más importantes a los que acuda un gran número de amigos del vino, tanto nacionales como extranjeros, son la Fiesta de Bikavér de Eger (Egri Bikavér Ünnep) que se celebra en la primera mitad de julio y es asistida por miles de turistas, y el Salón de Vino de Eger (Egri Borszalon) que a los finales de diciembre ofrece a cientos de enófilos una excelente oportunidad de despedir el año en el mejor ánimo posible.

Fotos: sweettarvel.hu, atw.h, iranymagyarorszag, szeretlekmagyarorszag.hu, szepasszonyvolgy.info, noszvaj.hu

Dr. József Kosárka

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